Mito vs historia: una aproximación a los mundos de la literatura fantástica
Cuando, para la construcción de mundos, se tiene en cuenta el mundo real o se usan construcciones literarias anteriores, ya sean populares o eruditas. O una combinación de todos ellos.

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En la ronda de enlaces que puse el pasado domingo, enlacé una entrada en la que se discutía sobre la posibilidad de basar nuestro mundo fantástico, bien en un mito o leyenda o bien en hechos históricos. Después de un comentario hecho por Dario Salud Leona, me ha parecido que esta es una buena cuestión para comenzar a teorizar sobre los mundos de fantasía. No sé si ha salido demasiado largo, pero su comentario me dio mucho en que pensar. Espero que os guste y pueda servir a quien lo lea.
1.- Conceptos de interés:
Lo primero es distinguir entre mito, leyenda e historia, porque la determinación de su significado nos permitirá después entender mejor lo que pretendemos con la construcción de nuestro mundo.
Mito, según la RAE, puede definirse como:
- m. Narración maravillosa situada fuera del tiempo histórico y protagonizada por personajes de carácter divino o heroico.
- Sin.:
- fábula, leyenda.
- m. Historia ficticia o personaje literario o artístico que encarna algún aspecto universal de la condición humana. El mito de don Juan.
- Sin.:
- ficción, quimera, invención, cuento1.
- m. Persona o cosa rodeada de extraordinaria admiración y estima.
- Sin.:
- héroe, leyenda, ídolo.
- m. Persona o cosa a la que se atribuyen cualidades o excelencias que no tiene. Su fortuna económica es un mito.
Nos estaríamos refiriendo, por tanto, a esa primera definición: como vemos, la RAE considera al mito como sinónimo de leyenda. Sin embargo, si buscamos leyenda, se incorpora una idea que no está (al menos, expresamente) en la idea de mito:
Narración de sucesos fantásticos que se transmite por tradición. Una leyenda sobre el origen del mundo.
O lo que es lo mismo: la leyenda es un concepto que precisa de la tradición de un pueblo determinado para transmitirse (La leyenda de los Infantes de Lara), mientras que el mito puede transmitirse de distintas formas, incluida la tradición. La tradición normalmente es oral (los juglares de la Edad Media). Si es escrita, ya sería más literatura que leyenda, entiendo: las leyendas más antiguas se desarrollaron de forma popular y se fueron transmitiendo de padres a hijos en las tardes alrededor de la chimenea o por los caminantes que cantaban versos. De hecho, es algo parecido lo que sucedió con La Ilíada y la Odisea, que eran cantadas por Homero (o quien fuera que hoy conocemos con ese nombre) en grandes ocasiones. No fue hasta bastante después que se puso por escrito: a partir de entonces, ya era literatura… mitológica/fantástica, pero literatura.
En esta página, nos mencionan algunos de los mitos más famosos:
- Prometeo y el fuego: Representa el acto de la rebelión y el progreso humano.
- Edipo y la profecía: Simboliza la lucha contra el destino y la identidad personal.
- La creación en la mitología hebrea: Explica el origen del mundo y el rol del hombre.
- Rama y el Ramayana: Una historia hindú sobre justicia, honor y amor.
- El mito de la caverna (Platón): Una metáfora sobre la ilusión y la verdad.
- El mito de Icaro: Advertencia sobre la ambición y los peligros del orgullo.
- El mito de Atlas: Símbolo de resistencia y soledad.
- El mito de Pandora: Explicación sobre el origen del mal en el mundo.
- El mito de Midas: Advertencia sobre la codicia y la avaricia.
- El mito de Prometeo en la cultura moderna: Inspiración para movimientos de resistencia y cambio social.
Como vemos, podemos considerar que, mientras que el mito es casi un ejemplo cósmico de algo, la personificación de una idea que trasciende a los protagonistas que participan en ella, la leyenda es algo más concreto: simplemente, cuenta la historia de un ser que, o bien no existió o no realizó los hechos que en ella se nos describe o los realizó de una manera menos heroica o ejemplar. Por ejemplo, El rey Arturo no existió en la historia real, sino que está basado en hazañas de diversos personajes. Ahora bien, aunque al principio, pudo ser considerado una leyenda, hoy es posible que haya evolucionado al concepto de mito, al querer significar el buen gobierno en Camelot, la justicia y la templanza:
Otros eruditos afirman que Arturo fue un personaje ficticio desde el principio y citan la ausencia de mención alguna sobre él en las fuentes más tempranas de cualquier región. Este argumento cuestiona por qué, si existió alguna vez un rey tan magnífico como Arturo, no se menciona en ningún registro histórico de su supuesta época. Esta pregunta se planteó ya desde el principio del desarrollo de las leyendas que comienzan con la obra Historia de los reyes de Gran Bretaña de Geoffrey de Monmouth (en torno a 1100 - alrededor de 1155 d.C.) publicada en 1136 d.C. Aunque hay referencias a Arturo anteriores a la obra de Geoffrey, nadie había escrito un relato completo de su reinado ni de sus logros antes de Historia de los reyes de Gran Bretaña, que afirmaba que Arturo era un gran rey que no solo gobernó Gran Bretaña, sino que también conquistó la mayor parte de Europa y derrotó a Roma. El libro de Geoffrey fue un éxito de ventas, pero hubo muchos que dudaron de su valor histórico. El monje inglés Ranulf Higden (en torno a 1280-1364 d.C.) expresa esta opinión en una sección de su Polychronicon (en torno a 1327 d.C.):
Muchos hombres se preguntan sobre este Arturo, a quien solo Geoffrey ensalza tanto, cómo podrían ser ciertas las cosas que se dicen sobre él, porque, tal y como repite Geoffrey, conquistó treinta reinos. Si sometió al rey de Francia y mató a Lucio, el procurador de Roma en Italia, entonces resulta inaudito que las crónicas de Roma, de Francia y de los sajones no mencionasen a un príncipe tan noble en sus historias, cuando sí mencionaban cosas nimias de hombres más bajos. (Brengle, 11)
El argumento de Higden sigue siendo válido hoy en día.
Por último, está la Historia (a diferencia de la historia, que es sinónimo de relato). Nos centraremos en los dos primeros significados que incluye la Rae:
- f. Narración y exposición de los acontecimientos pasados y dignos de memoria, sean públicos o privados.
- Sin.:
- narración, crónica, relato, anales, historiografía.
- f. Disciplina que estudia y narra cronológicamente los acontecimientos pasados.
Como vemos, pues, la historia cuenta hechos reales, que sí han existido, aunque cada historiador puede entenderlos o interpretarlos de manera diferente. Pero lo que no se puede es considerar que el emperador Augusto era un hindú mogol, que la emperatriz china Wu era azteca o que la imprenta se inventó por los egipcios. Ello haría que, además de falsear la historia, las conclusiones que se extrajesen fueran incorrectas y, por tanto, también las decisiones que se tomasen con base en ellas.
En conclusión, la Leyenda, el Mito y la Historia no son contradictorias, pero es evidente que la Historia se basa en hechos reales, mientras que las dos primeras no tienen por qué hacerlo.
2.- Condiciones imprescindibles (conditio sine qua non) de la historia/relato, cualquiera que sea el fundamento de la misma, en literatura fantástica:
Hecha esta pequeña introducción, es necesario subrayar que cada autor puede usar la que más prefiera o mezclarla -como veremos a continuación-, pero la historia/relato resultante deberá cumplir dos requisitos fundamentales:
a) La coherencia: no podemos poner un avión a reacción en la Tierra Media, porque no sería coherente. Ahora bien, sí se pueden unir elementos de mundo aparentemente contradictorios, pero explicando bien por qué pueden existir ahí. Por ejemplo, es lo que ocurre en el steampunk. También se pueden incluir elementos sobrenaturales en la actividad detectivesca y tendremos True Detective, pero hay que hacerlo de forma que no sea ridículo, estúpido, irrelevante o que carezca de sentido. Básicamente, hay que conseguir que el lector no vea como contradictorio o irracional un mundo donde un sujeto extraterrestre vuela (Superman), que una madrastra pueda convertirse en bruja vieja y convierta sabrosas manzanas en letales armas (Blancanieves) o que haya un niño tan pequeño que, una vez crecido, un pulgar sea más grande que él (Pulgarcito).
El lector usará su imaginación, pero también su lógica e inteligencia al leer y hay que respetar ambas: evidentemente, no será lo mismo una historia épica (Añoranzas y pesares, de Tad Williams) que cómica (Mundodisco, de Terry Pratchett) o urbana (Harry Potter). Pero en todas ellas la coherencia será necesaria para no confundir o enfadar al lector.
b) El orden de los elementos: todo conjunto de elementos sigue un iter, un camino, un desarrollo. En el colegio, nos decían que los seres vivos nacen, crecen, se reproducen (el que lo hace) y mueren, pero no pueden morir y luego nacer y, si queremos escribir una historia así (Benjamin Button) debemos examinar las contradicciones del personaje, los problemas que tiene por haber incumplido el orden natural, el efecto que ello tiene en el mundo “real” en el que vive (sus padres, por ejemplo), etc.
Exactamente igual, un reino desaparece, barrido por un nuevo poder, con unas causas determinadas, y eso trae consecuencias que hay que explicar. En un mundo, aunque sea imaginario, las cosas suceden con un orden determinado y los hechos o los seres que incumplen ese orden natural (por ejemplo, un humano que cambia de forma, un gato que habla o un tiburón vegetariano —sí, Bruce, te estoy mirando a ti-), deben quedar explicados, de forma que el lector no piense que la historia no tiene sentido.
Así, podemos basar nuestro personaje en un dios hitita que vive en Brasilia o en un monstruo de Guinea que se pasea por París, pero para que resulte creíble debe cumplir los dos requisitos anteriores. El dios hitita deberá comportarse como lo haría, teniendo en cuenta su personalidad según esa mitología, en una ciudad como Brasilia a día de hoy (lo que incluye avenidas, edificios, oficinas, supermercados, barrios peligrosos, diferencias sociales, etc.): habrá momentos de alegría, de enfado, de incomprensión, etc. Y el monstruo de Guinea no entenderá, posiblemente, por qué París ha sido considerada tradicionalmente la “ciudad de la luz” o la “del amor”, lo que puede dar lugar a escenas muy divertidas o terribles, según el clima o el ambiente de la historia.
Ahora bien, como hemos visto, los mitos y las leyendas beben de hechos históricos: la leyenda de Los siete infantes de Lara menciona una serie de personajes históricos que ciertamente vivieron, como Almanzor. En el monasterio de San Millán de Suso, hay siete sarcófagos que pasan por ser los de los siete infantes mencionados. ¿Vemos cómo se ha pasado de la historia a la leyenda? Pasamos de un individuo concreto (Almanzor) a considerar que siete sarcófagos que pertenecen a personas que desconocemos, realmente contienen los restos de los desdichados infantes de la Leyenda.

Esta técnica de mezclar realidad y ficción en un mundo imaginario no es nueva del siglo XX, sino que se ha realizado a lo largo de toda la historia. Y no sólo en las leyendas, sino también en los Cantares de Gesta (el Cantar de Mio Cid en España o la Chanson de Roland en Francia) o en la literatura de caballerías con fenómenos literarios como el Amadís de Gaula, un auténtico superventas de finales de la Edad Media, cuya influencia aún sentimos a día de hoy. Escrita por Garcí Rodríguez (y no Ordóñez) de Montalvo (siglos XV-XVI), que fue gobernador de Medina del Campo en tiempo de los Reyes Católicos, tiene una influencia fundamental en la literatura fantástica moderna:
https://youtu.be/0ANvUooKh7E
Os dejo también este enlace que merece la pena leer entero. De hecho, al Amadís le debemos la escritura del Quijote, porque precisamente Cervantes escribe las aventuras del hidalgo que vivía en un lugar de la Mancha del que no quería acordarse, para ridiculizar este tipo de novelas: no eran realistas y había el peligro de que la gente no distinguiera entre realidad y ficción, como le pasa al Quijote en tantas ocasiones, aunque la más famosa sea la escena de los molinosx. Como nos dice este último enlace:
El asunto principal es el amor de Amadís y de Oriana, quienes, protegidos por el hada Urganda, tras varias peripecias consiguen unirse en matrimonio; y con las aventuras de Amadís se enlazan las de Alidoro, hermano de Oriana, enamorado de Miranda, hermana del protagonista, y de la otra pareja de enamorados, Floridante y Filidora. Todos los caballeros están llenos de altas virtudes, siempre fieles a sus damas. Solo Galahor, con su volubilidad amorosa, constituye una excepción, pero parece una excepción voluntaria, para que mejor resalte la exaltación del amor honesto que Tasso quería hacer con su poema. En él, según la índole intelectualista de la obra, abundan las abstracciones y las personificaciones, pero no consiguen animarlo. Como tampoco los seres fantásticos (hadas, enanos, gigantes), ni el amontonamiento de maravillas.
Los personajes, totalmente imaginarios, viven en una Europa imaginaria, a caballo entre Bretaña, Escocia e Inglaterra. Como vemos, se incluyen en sitios “exóticos” para la época y el lugar de su elaboración, lo que de nuevo, lo diferencia del Quijote, que está en la Mancha, y su amada Dulcinea es un pueblo concreto, el Toboso, que aún hoy puede ser visitado. En el Amadís, sin embargo, los personajes son esforzados caballeros o son virtuosas damas, pero todos responden al ideal platónico del temprano Renacimiento español. El parecido con la literatura fantástica épica moderna es evidente.
O lo que es lo mismo: el autor del Amadís tomó a una serie de caballeros y damas que responden a un ideal (basados en caballeros y damas reales que, en la vida real, no serían tan perfectos) y se les incluye en una zona imaginaria donde tienen lugar sus hazañas (basadas también en otras que, seguramente, se hubieran oído por el autor). ¿Significa eso que en el siglo XV español había hadas, gigantes, monstruos, etc.? Evidentemente, no. Pero, diríamos que son una suerte de “fantasía urbana o moderna” para la época que contribuye a ensalzar las cualidades de los seres humanos que se consideraban más importantes en ese momento (el honor, la justicia, la defensa de los desvalidos, el amor, etc.). Se parte de figuras reales para trascender a ese momento concreto y colocarlas en un “decorado” que nada tiene que ver con el real, aunque pueda inspirarse en él.
Algo parecido ocurre con los cuentos del siglo XIX: Perrault o los hermanos Grimm, cuyos cuentos han sido “desfigurados” por cierta entidad para volverlos mucho más “amables”, tenían esa misma intención educativa del lector. En España, podemos citar las Fábulas de Samaniego y las de Iriarte, enfrentados durante años en el siglo XVIII de una manera parecida a la de Góngora y Quevedo por la supremacía de este género literario. En cualquier caso, todos ellos tenían el mismo propósito: intentaban educar a los niños de forma que, como decía Chesterton:

Se intentaba que los niños, enfrentados a situaciones extremas (por ejemplo, los niños de Hansel y Gretel), aprendieran que era posible vencer a la bruja mala y, por tanto, que la felicidad volviera a su vida. Pero hasta en eso influyó la experiencia personal de los Hermanos Grimm, por ejemplo: maltratados de mala manera por su madrastra, convirtieron a las mujeres que respondían a esa característica en las malas perpetuas (Blancanieves, la Cenicienta, etc.). Como nos dice Koque Latorre en esta nota:
Los cuentos de los Hermanos Grimm eran advertencias morales duras, pensadas tanto para adultos como para niños, nacidas de una tradición oral en la que el miedo, la pérdida y la astucia formaban parte del aprendizaje vital.
Caperucita Roja, Hansel y Gretel, Blancanieves, La Cenicienta, Rapunzel o El flautista de Hamelín, antes de suavizarse en versiones posteriores, hablaban sin rodeos de abandono, hambre, violencia y castigo.
No buscaban entretener, sino preparar para un mundo incierto, donde las decisiones tenían consecuencias reales.
Y aquí llegamos al meollo de la cuestión: lo que ninguno de ellos hacía era dar al lector un discurso sobre moralidad, una determinación ensayística de formas óptimas de comportamiento o una disquisición filosófica sobre la inmortalidad del alma del cangrejo. Lo que se hacía era contar una historia y luego, como mucho, añadirle la moraleja, una idea que tiene uno de sus más lejanos ejemplos en las parábolas de los Evangelios: Cristo cuenta la historia del buen samaritano para que se vea un ejemplo de comportamiento, pero no insulta ni pone verdes a los que no se portaron como él. Simplemente, de las acciones de unos y otros, se puede extraer que hay uno que se comportó correctamente, mientras que otros no lo hicieron. En ningún caso, se considera retrasado mental al lector: las consecuencias que se deriven de lo que lea, ya las sacará él, sin que el autor le tenga que llevar de la mano.
Tolkien no señala en ningún caso “niños, sed como Samwise Gamgee”, sino que pone a ese personaje en una serie de situaciones que, cuando se termina la historia, mejor que decir “quiero tener un amigo como Sam”, sería decir “quiero ser como Sam” respecto de mis amigos.
3.- Conclusión: Tolkien vs Martin y aplicación práctica de la diferencia entre mito/leyenda e historia.
Particularmente, creo que, desde el punto de vista literario, esta es la diferencia fundamental entre Tolkien y Martin. Tolkien bebe de toda la tradición nórdica y anglosajona de los cuentos a la luz de la chimenea, que es básicamente la misma sociedad de la que nacen los cuentos de los hermanos Grimm, con un siglo de diferencia. La dimensión ética, filosófica y teológica de la obra de Tolkien no tiene paralelo en ninguna otra obra de carácter fantástico moderna. Y esto no es porque a mí me guste mucho, sino porque su forma de entender la Tierra Media fue tan importante y profunda que incluso consideró que el mundo contemporáneo sería la Séptima Edad, un momento en el que ya la magia no existe y no se recuerda -y por eso teóricamente no recordaríamos a la Edad de las Lámparas, aunque mejor, que así no recordamos a Ungoliant, sin duda uno de los personajes más terroríficos de la literatura mundial como la “No Luz”-:
En una carta de 1958, Tolkien especula que (las edades) continuaron fluyendo cada vez más rápido, y sitúa el mundo contemporáneo al final de la Sexta o en la Séptima Edad con la caída de Sauron que se remonta a hace unos 6000 años.
Tolkien odiaba la alegoría y él mismo rechazó la idea de que la Tierra Media era un trasunto de Europa en las Guerras Mundiales: su idea era la construcción de una mitología propia de Inglaterra, mitología que se habría perdido como consecuencia de las distintas invasiones, influencias extranjeras y el paso del tiempo. Ahora bien, eso no significa que no haya elementos que claramente se inspiran en la propia experiencia del autor: por ejemplo, los síntomas de Frodo, especialmente a partir de la mitad de Las Dos Torres, son muy semejantes al famoso estrés postraumático que Tolkien había conocido en la Guerra Mundial, no sólo por sí mismo, sino también en otros individuos con los que luchó, muchos de los cuales nunca volvieron a su hogar.
En este vídeo, Tolkien dice textualmente que, a la hora de construir un mundo, “no cree que haya una sola receta para un momento concreto”. O lo que es lo mismo: es el autor quien debe elegir cómo y de qué manera construir ese mundo de forma que sus lectores lo lleguen a percibir de manera tan vívida como él mismo lo tiene en la memoria. Llamo la atención sobre lo que dice de que los humanos sólo podemos “subcrear”, no crear y su relación con la propia idea de Melkor-Morgoth en el Silmarillion:
https://youtu.be/aVVlD2rJ1r
Martin tiene otra idea, mucho más “moderna” sobre la sociedad y el comportamiento humano: el poder, el sexo y el dinero manejan a la gente y los buenos normalmente mueren porque son básicamente tontos o más tontos que los que saben cómo manejarlos… aunque estos eventualmente también acaban criando malvas (Lord Stark y Littlefinger o Meñique en español, pueden ser buenos ejemplos). ¿Eso niega su maestría literaria? No, me puede parecer grandiosa “El rojo y el negro” de Stendhal, pero también pesadísima: me la leí en francés hace muchos años y no volvería a leérmela, algo que sí he hecho, por ejemplo, con Guerra y Paz (no sé ruso, así que la he leído siempre en español).
Y digo “moderna”, porque cualquier imperio de la Antigüedad estaba basado en esas mismas premisas. Recomiendo a todos la lectura de un libro encomiable sobre un personaje desconocido en Occidente, La Emperatriz Wu, sobre la Emperatriz china Wu Zetian (no es muy largo) -aquí en inglés-. Luego me contáis qué tiene que envidiar esta señora a Cersei Lannister, que me da que era bastante menos mala (y mira que no es precisamente un ejemplo…) que ella, porque la primera fue real y la segunda “solo” ha salido de la pluma de un eminente escritor.
Por tanto, la genialidad de Tolkien es haber sabido adaptar a un mundo fantástico imaginario cosas tan variopintas como su catolicismo, su desprecio por el progreso a costa de la naturaleza, la inquietud humana por la mortalidad y la finitud de la vida, el trastorno postraumático o la idea de que el Mal, a veces, sólo necesita el engaño para triunfar (Annatar, el señor de los deseos) a una historia que mezcla el Kalevala finlandés, las leyendas antiguas angosajonas y su propia idea sobre el gobierno (una mezcla entre la acracia y el buen gobierno católico) a una pléyade de personajes que no podemos encontrar en la historia.
La de Martin es coger una serie de hechos reales (fundamentalmente la llamada Guerra de las Dos Rosas inglesa, entre los partidarios de los Tudor y los Lancaster, con episodios tan terribles como los infantes de la Torre) y ponerlos en un mundo imaginario (Westeros), aunque no pueda terminarlo porque ha matado a más individuos de la cuenta y ya recurrió a la resurrección de un personaje con Jon Nieve. Repetirlo quedaría feo. Eso sí, en la guerra en cuestión no había bruja roja (Melisande) y nadie resucitó, pero eso es precisamente lo que hace que el relato de Martin no sea histórico sino fantástico.
Por tanto, ¿cuál es la mejor solución? No hay, en la teoría, sino en la práctica: cada escritor podrá ver qué quiere contar y cómo y, después, buscar inspiración donde más le convenga. Hay tantas mitologías como civilizaciones e incluso reinos: hititas, babilónicos, egipcios, persas, indios, chinos, coreanos, japoneses, incas, aztecas, anglosajones, celtas, íberos, galos, romanos, etruscos, etc. tuvieron (o tienen) sus mitos y cualquiera de ellos puede servir de inspiración (por favor, no copiar, sé mejor que la inteligencia artificial que tú eres persona, leñe, utiliza “las pequeñas células grises” que decía Poirot) para tu historia.
Sea lo que sea lo que elijas, escribe y hazlo lo mejor que puedas, llevando al lector para que vea lo que tienes en la cabeza, sin tratarlo como estúpido supino y respetándolo como la persona que es. No tienes que seguir a Tolkien ni a Martin 100%: al fin y al cabo, ellos innovaron. Ahora nos toca a los demás, sin pensar que somos ellos, obviamente: es posible que nunca lleguemos a serlo, pero el no ya lo tenemos de antemano, ¿verdad?.
Menciones: Agradezco a Deep Geek y a Wizards and Warriors sus vídeos sobre Juego de Tronos que me han explicado lo que ocurre y su transfondo sin tener que leerme los libros. Me leí “El Señor de los Anillos” entero en inglés en unas Navidades (no dormí mucho, pero no pude evitarlo), pero me fue imposible terminar Canción de Hielo y Fuego I: me enojé tanto cuando Lord Stark (¡¡para uno decente que hay!!) “desaparece”, que decidí que me dedicaba a leer otros libros.
Pero sus vídeos sobre ambas sagas son muy recomendados (están en inglés): tiene muchísimos, así que no os vais a aburrir. Sus vídeos sobre estas historias pueden hacer entender la reflexión, la técnica literaria y la forma en la que sus autores conectan las distintas historias dentro de ese mundo mejor que muchos cursos de literatura. Al dedicarse a explicar lo que ocurre, sin ulteriores motivos, resalta más las ideas expuestas en los libros. Comenta a veces la diferencia con las películas/series que se han hecho sobre ellos, resaltando el lore (tradiciones o saber popular, según su traducción del inglés) que subyace en cada uno de ellos. Hay tradiciones o ideas que pueden no estar reveladas de forma clara en los textos, pero que aquellos que se ocupan de estudiar el lore de estas historias nos pueden descubrir.
También es preciso mencionar a otros Youtubers (las redes sociales sólo son malas cuando se usan mal) que llevan a cabo una tarea de investigación y razonamiento sobre estos temas que creo fundamental: la lista de reproducción de Sommer sobre mitología, el canal Ardamedia, Tolkien Talk, El aquelarre de Dany (sobre Harry Potter), Fantasía Literaria, etc. Me dejo muchísimos, pero no creo que sea el lugar. Si queréis, haré una lista en una página aparte, por si alguien quiere pasarse o buscar algo que le interese en concreto.
Asimismo, sobre historia, mencionaré Bellumartis historia militar, La espada de la Vega (sobre esgrima), Rose Bennet o el divertidísimo canal de El Escocés Gamer, sobre historia medieval, fundamentalmente.
Escrito originalmente en Substack.
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