Por miquel-tort ·

La burbuja de la IA

Límites materiales, desaceleración forzada y el espejismo bursátil de OpenAI

El crecimiento de la inteligencia artificial se está produciendo a un ritmo exponencial que choca frontalmente con los límites físicos del planeta. Lejos de ser un fenómeno inmaterial, la IA depende de una infraestructura intensiva en energía, materiales críticos, agua y capital. Este modelo no es sostenible a medio plazo. Y ahora, dos noticias recientes lo confirman con crudeza: OpenAI se prepara para salir a bolsa mientras sus propias proyecciones internas apuntan a una quiebra técnica. Difícilmente podría haber una metáfora más perfecta del sistema que describimos.

La IA no es etérea, necesita una infraestructura material enorme

A menudo se habla de la inteligencia artificial como si fuera puro software, algoritmos flotando en una nube abstracta. Pero detrás de cada modelo hay una realidad muy concreta: centros de datos gigantes, chips especializados, redes eléctricas tensionadas y una demanda creciente de recursos escasos.

Indicadores clave (2026):

Los centros de datos ya consumen cerca de 1.050 TWh, aproximadamente el 4% de la electricidad mundial, con proyecciones de llegar al 9-12% en mercados clave como Estados Unidos. El entrenamiento de un solo gran modelo supera los millones de kWh, equivalentes al consumo anual de miles de hogares. Un centro de datos medio consume tanta agua como una ciudad de 10.000 a 50.000 habitantes. Y todo ello con una dependencia extrema de cobre, litio, cobalto y tierras raras, con cadenas de suministro frágiles y geopolíticamente tensas.

Pensar que la IA puede seguir creciendo exponencialmente al margen de estos condicionantes es, como mínimo, ingenuo.

La huella hídrica: la sed insaciable de los algoritmos

Uno de los aspectos más críticos y a menudo ignorados es el consumo de agua para la refrigeración. Solo en Estados Unidos, los centros de datos consumieron unos 64.000 millones de litros de agua en 2023, una cifra que se ha disparado con el auge de la IA generativa. El entrenamiento de un modelo como GPT‑3 puede llegar a evaporar directamente 700.000 litros de agua dulce. Grandes instalaciones como el centro de Google en Council Bluffs consumen más de 1.300 millones de galones anuales, a menudo en zonas que ya sufren estrés hídrico.

Esta demanda genera conflictos territoriales donde el agua es un bien escaso, poniendo en evidencia que la "inteligencia" de la nube tiene un coste físico muy real y muy líquido.

La crisis de la memoria RAM: el primer límite visible

Un ejemplo ilustrativo de estos límites es la crisis global de la memoria RAM. A inicios de 2026, se prevé que los centros de datos consuman hasta el 70% de la producción mundial de chips de memoria. Esto ha provocado escasez en el mercado de consumo, subidas de precios superiores al 50% solo en el primer trimestre del año, y una contracción prevista de las ventas de PC cercana al 9%.

OpenAI. Salir a bolsa mientras se hunde

Y aquí llega la noticia que resume mejor que ninguna otra la lógica de este sistema.

El CEO de OpenAI, Sam Altman, tiene como objetivo un debut bursátil en septiembre de 2026, en lo que supondría una transformación radical para una compañía que nació como laboratorio de investigación sin ánimo de lucro en 2015. La empresa apunta a recaudar unos 60.000 millones de dólares en su salida a bolsa. Si se confirma, superaría con creces la mayor OPV registrada hasta ahora, la de Saudi Aramco en 2019, cifrada en 25.600 millones de dólares.

Las cifras de valoración son mareantes: en diciembre de 2025, el Wall Street Journal informaba de que OpenAI buscaba 100.000 millones de dólares en una nueva ronda de financiación con una valoración de 830.000 millones, con algunos informes apuntando a que la propia OPV podría superar el billón de dólares.

Pero los datos financieros reales cuentan una historia muy diferente. En 2025, OpenAI generó 13.100 millones de dólares en ingresos, pero quemó aproximadamente 22.000 millones para lograrlo, con una pérdida neta de unos 9.000 millones. Las proyecciones internas apuntan a unas pérdidas operativas de 14.000 millones de dólares en 2026.

La empresa no espera alcanzar la rentabilidad hasta aproximadamente 2030. Dicho de otra forma: la OPV no es una celebración. Es una necesidad de financiación. Los mercados públicos son el único fondo de capital suficientemente profundo para cerrar la brecha.

En caso de no conseguir nuevos fondos de mayor cuantía, las proyecciones indican que OpenAI podría quedarse en bancarrota para 2027.

La cruda realidad es que la empresa podría quedarse sin fondos en un plazo aproximado de 18 meses, una situación que pondría en entredicho la continuidad de su actual modelo de negocio.

Lo que presenciamos es el intento de trasladar al público general —a través de los mercados bursátiles— el riesgo de un modelo de negocio que los inversores privados ya no quieren seguir financiando en solitario.

Rendimientos decrecientes y expectativas infladas

Además de los límites físicos, aparece otro problema clásico: los rendimientos decrecientes. Cada nueva generación de modelos requiere mucho más cómputo y energía para mejoras cada vez más modestas. El salto entre "impresionante" y "un poco mejor" es cada vez más caro.

Esto pone en cuestión el modelo económico dominante: costes disparados que ya no son sostenibles sin subvenciones o capital riesgo masivo, dificultad de monetización real, y una dependencia especulativa que empieza a exigir resultados más allá del marketing.

Tres escenarios posibles

Desaceleración forzada y reorientación (más probable): El crecimiento se ralentiza. Las limitaciones energéticas y los costes obligan a priorizar modelos más pequeños, eficientes y con valor social claro. La IA pasa de ser un "todo para todo" a una herramienta integrada con criterios de suficiencia.

Burbuja tecnológica y corrección abrupta (probable): Las expectativas superan la capacidad real. Los costes suben, los beneficios no llegan y el sector entra en crisis con quiebras y recortes masivos. El caso de OpenAI podría ser el detonante.

Huida hacia adelante (menos probable pero peligrosa): Se redobla la apuesta con más extractivismo. Esto solo desplaza los límites y los hace más violentos, agravando la crisis climática y social.

Un patrón que ya conocemos

Lo que ocurre con la inteligencia artificial sigue un patrón que ya hemos visto con las energías renovables y el vehículo eléctrico: primero, un relato de crecimiento infinito; después, una expansión rápida; más tarde, los límites materiales, energéticos y territoriales; y finalmente, una desaceleración inevitable.

La lección no es que la tecnología fracase, sino que el progreso sin límites no existe.

La IA, como la eólica, la fotovoltaica o los coches eléctricos, tendrá que aprender a funcionar con lo que es realmente suficiente: suficiente energía, suficientes recursos, suficientes usos reales. La suficiencia no es renunciar a la innovación, sino entender cuándo es suficiente para satisfacer necesidades reales sin sobrepasar los límites del planeta.

El problema no es la IA, sino el relato

La inteligencia artificial puede tener usos útiles en un mundo con menos recursos, pero solo si abandona el mito del crecimiento infinito y se inserta dentro de un marco de límites, suficiencia y justicia.

La historia de OpenAI —empresa que aspira a ser valorada en un billón de dólares mientras proyecta pérdidas de 14.000 millones anuales y coquetea con la quiebra— no es una anomalía. Es el sistema funcionando exactamente como está diseñado: socializar las pérdidas, privatizar los beneficios, y llamar "progreso" a lo que no es más que otra burbuja inflada con energía barata, agua escasa y capital especulativo.

El planeta ya no puede permitirse ese relato.


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